Los marinos cubanos en la Segunda Guerra Mundial

Gustavo Placer Cervera

Capitán de Fragata (R) de la MGR de Cuba
Doctor en Ciencias Históricas.
Miembro de Número de la Academia de la Historia de Cuba

Conocida, aunque muy poco divulgada es la historia de las acciones combativas que tuvieron lugar en las aguas cercanas a Cuba durante la Segunda Guerra Mundial.

La República de Cuba, al igual que otros países latinoamericanos, declaró la guerra a las denominadas potencias del Eje (Alemania, Italia y Japón) a comienzos de diciembre de 1941, después del sorpresivo ataque japonés a la base norteamericana de Pearl Harbor, en Hawai, el día 7 de ese mes, y la consiguiente entrada de los Estados Unidos en la contienda .

Poco tiempo después y a lo largo de los años que duró el conflicto las aguas adyacentes al Archipiélago Cubano, al igual que toda región del Caribe, se convirtieron en escenario de acciones navales y los marinos cubanos, tanto de guerra como mercantes, tendrían una participación modesta pero significativa en la contienda bélica mundial

La Guerra llega al Caribe

Vapor Manzanillo hundido 12[1].8.1942

Transcurridos los dos primeros meses posteriores a la entrada de los Estados Unidos y la mayor parte de los países de la región en la guerra, el Caribe disfrutaba de paz. La contienda bélica parecía algo lejano. En enero de 1942 la refinería de Aruba, la mayor del mundo en esa época, trabajó a plena capacidad y produjo 7 100 000 barriles de gas-oil, gasolina de aviación, gasolina normal, queroseno y lubricantes. Esta producción era vital, en especial para los países beligerantes.

La guerra llegó al Caribe como un trueno en cielo claro. En la madrugada del 16 de febrero, casi simultáneamente, varios submarinos alemanes hicieron su aparición frente a Curazao, Aruba y a la entrada del Lago de Maracaibo. Antes de que amaneciera, la refinería de Aruba había recibido el impacto de varios proyectiles disparados por un submarino y fue casi milagroso que no se produjera allí una catástrofe de incalculables consecuencias, siete buques petroleros habían sido torpedeados.

Los efectos psicológicos de los ataques llevados a cabo por los submarinos aquella noche fueron inclusive mayores que los daños materiales. Aterrorizadas, las tripulaciones de los petroleros se negaron a hacerse a la mar sin la escolta de buques de guerra. Durante siete días no entró ni salió un buque de Aruba ni de Curazao. La producción de petróleo de Venezuela se paralizó al estar completamente abarrotados los tanques de almacenamiento situados en la región del Lago de Maracaibo. Las refinerías estaban cerradas por falta de petróleo crudo.

Las autoridades holandesas de Aruba y Curazao, desesperadas, encarcelaron a las tripulaciones, pero esto no hizo navegar a los buques. El 21 de febrero algunas tripulaciones fueron convencidas para que regresaran a sus puestos pero ese día fue torpedeado un petrolero noruego a pocas millas de Curazao, y de nuevo las tripulaciones se negaron a salir sin escolta.

Pero no fue solo contra las rutas petroleras que se lanzaron los alemanes. Casi toda la producción de bauxita del Hemisferio Occidental se concentraba en las Guayanas británica y holandesa. Dos días después del ataque a Aruba, en la madrugada del 18 de febrero, un submarino entró, navegando en superficie, en el Golfo de Paria y torpedeó, frente a Puerto España a dos buques mercantes. Tres semanas más tarde, el 9 de marzo, otro submarino hundió dos buques frente a Santa Lucía. Entre febrero y marzo los submarinos alemanes hundieron en el Caribe 23 petroleros.

En abril, los hundimientos disminuyeron a once, pues los submarinos regresaban a Europa a reabastecerse y para esa época la flota submarina germana no contaba con suficientes unidades como para mantener continuadamente las operaciones.

En mayo los alemanes regresaron intensificándose los ataques: 38 buques fueron hundidos ese mes y en junio los hundimientos alcanzaron la cifra más alta en la región del Caribe: 48 buques fueron al fondo de la mar. En ese mes dos submarinos alemanes fueron avistados en los accesos al Canal de Panamá y durante dos semanas consecutivas estuvieron hundiendo un buque diariamente.

En julio el número de buques hundidos descendió a diecisiete pues los submarinos regresaban a sus bases europeas para reabastecerse. Fue en ese mes que los alemanes perdieron su primer submarino. También en ese mes los alemanes instalaron minas en la bahía de Castries en Santa Lucía.

Ante la amenaza submarina la Marina norteamericana respondió organizando, a partir del mes de julio, el sistema de convoyes. Pero la escasez de buques de escolta hizo que el número de hundimientos fuera tan grande en esos meses que la principal tarea fue el rescate de náufragos. Hubo un momento en que había en Barbados tantos marinos sobrevivientes, que se agotaron los recursos del lugar para prestarles auxilio.

Como resultado del gran número de buques hundidos en aguas cercanas a Trinidad, la Marina estadounidense decidió escoltar a los mercantes hasta 200 millas de esa isla, pero los submarinos respondieron concentrándose cerca del punto donde se dispersaban para navegar hacia sus destinos y en cuanto la escolta se alejaba, comenzaban a atacarlos. En agosto fueron hundidos 46 buques. A partir de ese mes, submarinos alemanes de un nuevo tipo, que desplazaba 700 toneladas y tenía mayor autonomía y carga de torpedos, se unieron a los de 500 toneladas que venían operando en el Caribe. El 27 de agosto fue hundido el segundo submarino alemán en la región.

Los cazasubmarinos de 110 pies de eslora , que empleaba en ese momento la Marina estadounidense eran buques con muchas limitaciones. No fue posible instalar en ellos los nuevos lanzadores múltiples de bombas de profundidad denominados “hedgehog” (erizo), pues su estructura no soportaba la descarga de los 24 proyectiles; era imposible cocinar con marejada y hasta el agua de beber tenía que ser racionada. No fue hasta septiembre que entraron en servicio los denominados PC .

El sistema de convoyes fue reorganizado dentro de un sistema llamado interlocking. En el Caribe, la gran ruta de los convoyes era ahora Trinidad-Aruba-Guantánamo. A partir de este último puerto, los convoyes, moviéndose con precisión, cubrían la ruta Guantánamo- Nueva York.

En septiembre, el número de hundimientos descendió a 25 y en octubre a 15, pero en noviembre volvió a aumentar a 25. Otros dos submarinos fueron hundidos. En noviembre la mayoría de los submarinos fueron llamados de regreso a Europa debido al desembarco aliado en el norte de África. En diciembre no se produjo ningún hundimiento en el Caribe.

El período de febrero a diciembre de 1942 fue el más intenso de la Batalla del Caribe. En poco más de nueve meses los submarinos alemanes hundieron 263 buques mercantes con un total de 1 362 278  toneladas de registro bruto. Esta cifra es superior a la suma de los hundimientos ocurridos en mismo período en las rutas del Atlántico Norte, la costa Este de los Estados Unidos y zonas costeras de Canadá. Mientras tanto, los alemanes perdieron sólo 4 submarinos. En el mencionado lapso fueron hundidos, en aguas cercanas a Cuba, el buque mercante hondureño “Nicolás Cúneo” , el pesquero cubano “Lalita”  y los buques mercantes cubanos “Manzanillo” y “Santiago de Cuba”. Estos dos últimos hundimientos mencionados tuvieron lugar el mismo día, el 12 de agosto de 1942, frente a Key West, Florida, y en ellos perdieron la vida 31 marinos cubanos. El mar no devolvió los cuerpos de la mayoría de ellos. Sólo 8 cadáveres pudieron ser velados en el Capitolio Nacional y enterrados en el Cementerio de Colón en lo que constituyó una sentida manifestación de duelo que fue encabezada por el movimiento obrero y su confederación, la CTC.

Fue en ese contexto, que la Marina de Guerra de Cuba tomó parte en la Batalla del Caribe.

La Marina de Guerra de Cuba

Copia de Hundimiento S de Cuba

En el momento de entrar Cuba en la guerra, su Marina de Guerra contaba con unas pocas unidades de superficie, todas anticuadas e ineficaces para la guerra moderna.

A fines de diciembre de 1941 y comienzos de 1942, entre el gobierno de los Estados Unidos y los de varios países latinoamericanos y del Caribe, incluyendo Cuba, se firmaron convenios para fortalecer el potencial bélico de estos últimos los cuales debían seguir aportando las materias primas tan necesarias a la maquinaria militar de los Estados Unidos.

Debido a la estratégica posición de Cuba, históricamente reconocida como llave del Golfo de México y centro de las rutas marítimas que cruzan el Mar Caribe, fue de gran interés para los estadounidenses que la Marina de Guerra cubana estuviera en capacidad de participar en la Batalla del Caribe cumpliendo misiones de escolta de convoyes de buques de transporte y patrullaje de las aguas adyacentes al Archipiélago Cubano.

A esos efectos el vetusto crucero Cuba, que era el mayor buque de guerra cubano y el buque-escuela  Patria fueron enviados a los astilleros navales de Galveston, Texas, donde fueron totalmente transformados y modernizados, para que se les pudiera emplear con eficiencia. Estos trabajos duraron casi un año.

También los cañoneros Baire, Yara, Juan Bruno Zayas, Pinar del Río, 4 de Septiembre, Matanzas, Santa Clara, Camagüey, Oriente y Donativo así como los buques auxiliares BA-1, BA-2, BA-3, BA-4, BA-5, BA-6 y BA-7 fueron modernizados en astilleros cubanos y norteamericanos.

Como parte de los convenios antes citados, los Estados Unidos establecieron, durante la guerra, una base aérea en San Antonio de los Baños, unos 20 km. al sur de La Habana y otra en San Julián, cerca del extremo occidental de Cuba. Además, construyeron un campo de aterrizaje en Camagüey, un apostadero para dirigibles en Caibarién y otro en la Isla de Pinos. El objetivo principal de todas estas instalaciones era la lucha antisubmarina.

Otra de la medidas tomadas fue la de artillar a los buques mercantes de las naciones aliadas, entre ellas Cuba. En muchos casos las piezas de artillería instaladas en los mercantes eran operadas por personal norteamericano.

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Al mismo tiempo, mediante la Ley de Préstamos y Arriendos promulgada por la administración norteamericana, se transfirieron, a la Marina de Guerra Cubana, en calidad de arriendo, 12 cazasubmarinos  con los que se constituyó una flotilla estructurada en 4 escuadrillas de 3 unidades cada una. Las tripulaciones de estos buques fueron preparadas en cursos rápidos de 3 meses de duración en varias bases y centros de entrenamiento de los Estados Unidos.

La flotilla de cazasubmarinos comenzó a operar en abril de 1943. Se le asignó la misión de escoltar a los buques mercantes que se movían entre los puertos cubanos y una de las escuadrillas daba escolta, diariamente, al ferry Seatrain que realizaba viajes entre La Habana y puertos de la Florida. Su eficiencia se hizo notable con rapidez. Refiriéndose a la actuación de dicha florilla en su primer trimestre de operaciones el senador norteamericano Kenneth McKellar expresó ante el Congreso de ese país:

“La Flotilla de Cazasubmarinos de la Marina de Guerra de Cuba durante este período (abril, mayo y junio de 1943) ha tenido una pérdida de sólo el 0,027 % del tonelaje convoyado durante los ataques enemigos y uno de sus cazasubmarinos ha tenido un éxito notable. La operación de estas unidades de la Marina de Guerra de Cuba ha evitado que la Marina de Guerra de los Estados Unidos haya tenido que emplear para esos mismos fines una parte considerable de su personal naval”.

El éxito notable a que se refiere el párrafo anterior y que fue el mayor alcanzado por la pequeña Marina cubana fue el hundimiento de un submarino alemán en aguas del Canal Viejo de Bahamas, a corta distancia de la costa norte de Cuba.

El hundimiento del submarino U-176

El 15 de mayo de 1943, una escuadrilla de cazasubmarinos cubanos, integrada por el CS-11, el CS-12 y el CS-13 navegaba de Isabela de Sagua hacia La Habana escoltando a los mercantes Wanks, hondureño, y Camagüey, cubano, ambos cargados de azúcar.

Las tripulaciones de todos los buques, tanto mercantes como de guerra, se encontraban en máxima alerta. Poco antes de su salida se había recibido una comunicación que informaba  que se había avistado un submarino en superficie, al norte de Matanzas.

Obelisco a los marinos

Obelisco a los marinos

Los buques mercantes navegaban en línea de frente, separados unas 500 yardas, ocupando el Camagüey el flanco más cercano a la costa. La escolta navegaba a una distancia de unas 750-1000 yardas. Al frente iba el CS-12 seguido por el CS-11 que llevaba a bordo al jefe de la escuadrilla y finalmente, el CS-13 ocupaba la retaguardia del convoy.

A las cinco y quince minutos de la tarde, cuando el convoy cruzaba, navegando a una velocidad de 8 nudos, frente a Cayo Mégano, apareció en el cielo un hidroavión monomotor norteamericano, del tipo OS2U “Kingfisher” procedente del noroeste. El avión realizó una picada y volando a baja altura describió dos círculos mientras coleteaba y apagaba y aceleraba el motor. Con estas maniobras, de acuerdo con un código establecido, estaba señalando la presencia de un submarino. Para fijar con precisión el lugar el avión dejó caer una bomba de humo.

El jefe de la escuadrilla de cazasubmarinos ordenó entonces al comandante del CS-13, Alférez de Fragata Mario Ramírez Delgado, efectuar la exploración de la zona señalada por el avión.

Hace años, Mario Ramírez relató al autor de estas líneas sus acciones en aquellos momentos:

“Una vez recibida la orden, el CS-13 puso proa al sitio indicado y aumentó su velocidad. Transcurridos unos minutos, los medios de detección hidroacústicos del cazasubmarinos tuvieron un contacto claro y preciso, a unas 900 yardas. Era el submarino que maniobraba, tratando de escapar. El marinero sonarista, Norberto Collado Abreu, virtualmente fundido a su equipo, no perdía el contacto . Se dio comienzo al ataque.

A la distancia apropiada, fueron lanzadas, por la popa del buque cubano, tres bombas de profundidad, graduadas para que explotaran a 100, 150 y 250 pies, de acuerdo con la velocidad de inmersión calculada del submarino. Se detectaron nítidamente cuatro explosiones. La cuarta, -debida probablemente al estallido, por simpatía de una o más cabezas de combate de los torpedos del submarino-, fue tan fuerte que el cazasubmarinos cubano sumergió en el mar toda su popa y entró agua por la escotilla del cuarto de máquinas.

En ese momento, los hidrófonos reportaron un sonido semejante al borboteo que hace un líquido al penetrar en un recipiente sumergido en él que es abierto de pronto. Instantes después, se escuchó un silbido cuya intensidad fue disminuyendo lentamente. Estos eran indicios de que el submarino había sido alcanzado. Para rematarlo, el cazasubmarinos arrojó otras dos bombas de profundidad, graduadas a 250 pies, en la zona atacada y continuó la exploración.

Ceremonia de la bandera

Ceremonia de la bandera

Transcurridos unos minutos, se observó una mancha oscura en la superficie del agua. Desde las profundidades ascendía un chorro de una sustancia negra y viscosa que olía a petróleo. Según Ramírez, ordenó que se recogiera una muestra de la sustancia como prueba del hundimiento del submarino. Se esperó un rato más y se continuó la exploración del área con los equipos hidroacústicos. Al no detectarse nada, el cazasubmarinos partió a unirse al convoy que, mientras tanto, había continuado su travesía. Al llegar a La Habana y después de informar personalmente de los hechos al Jefe de la Marina de Guerra, el comandante del CS- 13 habló por teléfono con el presidente de la República, Fulgencio Batista, quien le ordenó guardar silencio sobre lo ocurrido. Por alguna razón, no esclarecida, el hundimiento del U-176 permaneció en secreto, para la opinión pública cubana, hasta después del fin de la guerra.”

Hasta aquí, el relato que nos hiciera Mario Ramírez Delgado.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial y ser ocupados los archivos de la Marina alemana, se pudo conocer que el submarino que estaba operando en esa región y cuyo contacto se había perdido por esos días era el U-176 , mandado por kapitänleutenant Reiner Dierksen. Este submarino tenía en su haber el hundimiento de 11 buques para un total de 53 307 toneladas. Entre dichos hundimientos, se le atribuyen los del mercante cubano “Mambí”, que costó la vida a 19 de sus tripulantes, todos cubanos , y del mercante “Nickeliner”, de bandera estadounidense acaecidos ambos frente a Nuevitas el día 13 de mayo de 1943, es decir, dos días antes de los hechos anteriormente narrados.

En 1946, Mario Ramírez Delgado, ya ascendido a Alférez de Navío, fue condecorado con la medalla del Mérito Naval con distintivo rojo. Su éxito fue además reconocido por el contralmirante Samuel E. Morison, historiador oficial de la Marina de los Estados Unidos, en su obra History of U.S. Naval Operations in World War II en la que elogió también la destreza y eficiencia de los marinos cubanos:

“.... El cazasubmarinos CS-13 al mando del Alférez de Fragata Mario Ramírez Delgado viró hacia el humo, hizo un buen contacto por sonido y lanzó dos ataques perfectos con bombas de profundidad que aniquilaron al U-176. Al ser el único ataque exitoso contra un submarino realizado por una unidad de superficie menor que un PCE de 180 pies, este hundimiento es considerado, con propiedad, como un gran orgullo por la pequeña, pero eficiente Marina de Cuba”.
La batalla continuó

El año 1943 fue período culminante de la Batalla del Atlántico y por ende, del Caribe. Durante ese año, el aumento y perfeccionamiento de las fuerzas y medios de lucha antisubmarina hicieron que disminuyeran los hundimientos de buques de transporte y aumentaran las pérdidas de submarinos.

En la primavera de ese año, la flota submarina alemana realizó un vigoroso esfuerzo llegando a tener cerca de 400 unidades operando en el Atlántico. En las tres primeras semanas de marzo, las pérdidas de buques mercantes alcanzaron las 750 000 toneladas pero después comenzaron a disminuir rápidamente. La ofensiva submarina comenzó a perder fuerzas mientras que las antisubmarinas crecían en proporciones gigantescas. Sólo en mayo de 1943 fueron hundidos 42 submarinos alemanes y en todo el año las pérdidas en el Atlántico alcanzaron 237 y lo que fue aún peor para ellos, perdieron las mejores tripulaciones y mandos.

No obstante lo anterior, los submarinos seguían constituyendo un peligro en aguas cubanas. El 4 de octubre de octubre de 1943 fue hundido el mercante cubano “Libertad” que desplazaba 5 441 toneladas, perdiendo la vida 25 tripulantes cubanos .

En febrero de 1944, cuando el curso de la Batalla del Caribe estaba definido y las fuerzas antisubmarinas eran abrumadoramente superiores en la región, los submarinos alemanes lograron aún, anotarse algunos hundimientos, entre ellos, el día 24, los de dos mercantes cubanos, el “24 de Febrero” y el “Mínima”, con pérdida de la vida de un tripulante cubano en cada caso .

Un balance final

Durante toda la guerra las unidades navales de superficie cubanas prestaron servicios de escolta a buques mercantes en las aguas adyacentes al Archipiélago Cubano y en las rutas entre La Habana y puertos de la Florida. El total de buques escoltados fue de 414 que sumaron 2 268 680 toneladas y las pérdidas fueron del 0,19 % del tonelaje.

Los buques de la Marina de Guerra cubana navegaron en diferentes servicios 399 755 millas, de las cuales 134 206 fueron cumpliendo misiones de escolta a convoyes, 66 778 en patrullas y 12 032 en misiones de auxilio. Rescataron 221 náufragos.

El crucero Cuba, el mayor de los buques cubanos, navegó durante la guerra 27 974 millas y escoltó 89 mercantes aliados que desplazaban, en su conjunto, 712 000 toneladas. El buque–escuela Patria, navegó 21 178 millas y escoltó 70 buques mercantes que desplazaban 450 000 toneladas.

Por su parte, la Aviación Naval cubana escoltó durante la Segunda Guerra Mundial a 114 buques, con un total de 500 000 toneladas, recorriendo 83 000 millas en servicios de convoy y patrulla no habiendo perdido ni un solo buque escoltado por acción del enemigo.

El Contralmirante Morison, ya mencionado, expresó al respecto:

“Cuba fue, con la excepción de Canadá, nuestro más útil aliado en Norteamérica; su flota de pequeños cañoneros tuvo a su cargo su tráfico costero y colaboró en la escolta de los ferries de la  ruta Florida- La Habana....”

Las condiciones favorables creadas por la acción de las fuerzas navales cubanas hizo posible que, sólo en el año 1944, se registraran en 39 puertos cubanos 5 655 entradas de buques, de los cuales 2 670 eran de buques cubanos y 5 602 salidas de buques de los cuales 2 117 fueron de buques cubanos.

Durante el curso de la guerra, la minúscula marina mercante cubana de aquel entonces perdió seis buques, que sumaban 10 296 toneladas lo que representaba el 17, 44% de su tonelaje total y 79 marinos mercantes cubanos perdieron su vida en los hundimientos causados por submarinos alemanes. Un monumento situado en la Avenida del Puerto, en La Habana, perpetúa su recuerdo.

El senador McKellar había dicho en su discurso, ya mencionado:

“Los marinos cubanos se han comportado como hombres de acero sobre barcos de madera”

Fuentes

Entrevista con el Teniente de Navío (Ret.) y Capitán MM Mario Ramírez Delgado, comandante del CS-13 durante la Segunda Guerra Mundial. (1983).
Entrevista con el Teniente de Navío (Ret.) Rafael Suárez Moré, oficial de derrota del crucero Cuba, durante la Segunda Guerra Mundial.(2005).
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