Joaquín Llaverías y Martínez: precursor de la archivística en Cuba, garante y difusor del Patrimonio Documental de la Nación

Autor:MSc. Martha Ferriol Marchena, Directora General del Archivo Nacional de la República de Cuba.  Máster en Gestión Documental y Administración de Archivos. Profesora Auxiliar.

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El 28 de enero el Archivo Nacional de la República de Cuba estará arribando a sus 175 años de fundado. Es imposible hablar de la historia de esta emblemática institución sin hacer referencia a Joaquín Llaverías y Martínez, hijo de un inmigrante dominicano de profesión tipógrafo,que nace en La Habana el 27 de julio de 1875.

Joaquín Llaverías

Llaverías cursa estudios de Bachiller en Arte en el Instituto Provincial de La Habana, y forma parte de los jóvenes que conspiraron bajo la dirección de patriotas cubanos como Juan Gualberto Gómez y el mayor general Julio Sanguily. A la edad de 20 años se incorpora a la insurrección armada, el 10 de diciembre de 1895. Un año después, el 20 de abril de 1896, integra el regimiento “Calixto García” bajo las órdenes del coronel Emilio Collazo, con los grados de capitán del Ejército Libertador, y participa en la lucha hasta el final de la contienda.

Teniendo en su poder los documentos que integraban el archivo del Regimiento recomienda al general Collazo su entrega al Archivo Nacional por considerarlos materiales históricos. Con este cometido visita por primera vez la institución, de la cual era entonces su director Vidal Morales.

Al terminar la guerra y con el gobierno interventor en el poder, le ofrecen una plaza de escribiente en el Archivo Nacional. En 1901 solicita autorización para realizar una publicación semejante a un boletín de archivo belga, que permitiera dar a conocer trabajos históricos, índices e inventarios de fondos documentales. Es así como nace, en abril de 1902, el Boletín de los Archivos de la Isla de Cuba, donde se inicia como jefe de redacción, actividad que realizó durante 54 años. En la actualidad es la publicación oficial del Archivo Nacional de la República de Cuba, con más de un siglo de antigüedad.

El 7 de noviembre de 1921, previo examen de suficiencia, se convierte en Director del Archivo Nacional en comisión y el 3 de noviembre de 1922 es nombrado oficialmente por el entonces presidente de la República, Alfredo Zayas. Asumir esta función le permitió implementar las más avanzadas técnicas de los archivos de Europa en materia de indización y clasificación de los documentos, que ubicaría a la institución en la avanzada iberoamericana por su organización científica.

El capitán Llaverías es de los primeros historiadores en dar a conocer la documentación de José Martí, y publica, además, importantes obras para la historiografía cubana tomando como fuente de información los fondos del Archivo Nacional. Se destaca el notable trabajo de investigación Historia de los Archivos de Cuba, divulgado en La Habana en 1912, que por muchos años constituyó una obra de referencia en Latinoamérica. También es autor de: Cartas inéditas de Martí(1920); Inventario General del Archivo de la Delegación del Partido Revolucionario Cubano en Nueva York (1892-1898) en 1921; Papeles existentes en el Archivo General de Indias relativos a Cuba y muy particularmente a La Habana, tomo 1 (1512-1578) y tomo 2 (1578-1586) en 1931.

Colabora en la creación del Diccionario geográfico de la Isla de Cuba y coopera con revistas y periódicos habaneros como La Discusión, La Lucha  y El Mundo, entre otros. Esta importante labor de difusión de las fuentes para el estudio de la historia le permitió ganar dignamente el derecho, en 1923, a ser miembro de la Academia de la Historia de Cuba, en la categoría de académico de número, condición que mantuvo hasta su muerte en 1956. Fue archivero permanente de esa institución y director ocasional de sus Anales.

Joaquín Llaverías 2

Su discurso, requerido para el ingreso a tan importante corporación, “Facciolo y La Voz del Pueblo Cubano”, hace referencia a toda la labor de recopilación de datos en el periódico La Voz del Pueblo Cubano y del hombre de acción que fuera el tipógrafo y patriota, como él calificara a Eduardo Facciolo, quien diera su vida por la independencia de Cuba.

En 1937 concibió la idea de gestionar fondos para la construcción de un edificio digno, impulsando una importante campaña para la conmemoración del centenario de la creación del Archivo Nacional. Logra la aprobación de la Ley No. 6 de 1942, donde se establece por primera vez la protección integral a los documentos históricos cubanos y la construcción de un inmueble para esta entidad, dotado de un equipamiento moderno, justo en el mismo lugar que ocupaba el Cuartel de Artillería de Montaña, ubicado al final de la calle Compostela, en un lugar conocido antiguamente por el Palenque, porque en él eran depositados los negros esclavos que pertenecían al Estado.

El Archivo ocupó la parte alta del edificio la cual tuvo que compartir con la Armería Nacional y un laboratoriode epizootia. En estas inapropiadas condiciones, por más de cuarenta años, el Archivo corrió el peligro de explosión y de contaminación de la papelería con agentes biológicos, provenientes de caballos, perros rabiosos y curieles utilizados para experimentos en dicho laboratorio.

El 23 de septiembre de 1944 se inauguró el nuevo edificio que cumplía con los requerimientos de las más modernas instalaciones de archivo de su época para la conservación de los documentos. Contaba con equipos para la fumigación y laminación; una cámara Photostat con todo lo necesario para sacar copias fotostáticas; microfilmes y un linotipo; una máquina de rotación y demás útiles que sirvieron durante mucho tiempo para imprimir y encuadernar las publicaciones del Archivo.

A su inauguración asistieron personalidades de la política y la cultura, entre quienes se encontraban los archiveros de diferentes países de América como Colombia, Costa Rica, Estados Unidos de Norteamérica, Guatemala, Haití, México, Nicaragua, Panamá, Salvador y Santo Domingo.

En el transcurso de su vida Joaquín Llaverías perteneció a varias asociaciones nacionales y extranjeras, que lo distinguieron por su arduo trabajo en aras de la conservación, restauración y difusión del patrimonio documental. Desempeñó, importantes funciones en comisiones formando parte de tribunales de oposición de la Comisión del Servicio Civil. Fue miembro, entre otras instituciones, de la Sociedad Económica Amigos del País, Sociedad de Folklore de La Habana, academias de historia de la República Dominicana y del Uruguay, Asociación de la Prensa de la República, Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística.

Joaquín Llaverías 1

En 1942 presidió, en La Habana, la Comisión Organizadora del Primer Congreso Internacional de Bibliotecarios, Archiveros y Conservadores de Museos del Caribe, que hizo importantes recomendaciones a los gobiernos del área en cuanto a legislación, conservación y tratamiento de los documentos.

La formación de archiveros en Cuba tiene sus antecedentes en el año 1945, cuando Llaverías promueve la realización del primer curso de archivología, con una duración de ocho semanas, con asignaturas tales como: Paleografía y Diplomática, Arquivonomía, Historia de Cuba, Administración y Generalidades Bibliográficas. Asistieron al mismo treinta empleados del archivo y dieciocho de otras dependencias estatales, lo que se puede concebir como la génesis del actual Centro de Capacitación y Postgrado que anualmente forma a los archiveros del Sistema Nacional de Archivos de Cuba.

En noviembre de 1948 Llaverías es nombrado Delegado del ministro de Educación, Dr. Aureliano Sánchez Arango, para hacerse “cargo del Archivo Museo de la Casa Natal del Apóstol, de la calle Leonor Pérez número 314, por el tiempo necesario hasta tanto se verifique el inventario y se realicen las obras y limpiezas convenientes.”

El Avance, El diario de la Marina y El Mundo, con fechas del 29 y del 30 de noviembre de ese propio año, reflejan el acontecimiento: “que con motivo del fallecimiento del escritor Arturo R. de Carricarte y director hasta ese momento del Archivo y Museo martiano, se designa al actual director del Archivo Nacional como delegado para las labores de mantenimiento y organización de los objetos museables y la papelería de José Martí”, responsabilidad que ostenta hasta noviembre del año 1952, cuando le es reconocida su labor por el celo y diligencia en el cuidado de la Casa Natal.

Con 81 años, Llaverías Martínez continuó sin descanso en sus labores hasta que el 24 de noviembre de 1956 le sorprende la muerte, víctima de un colapso cardíaco. Dedicó cincuentiocho años de su vida a la labor de conservación, tratamiento y difusión de los documentos del Archivo Nacional, de ellos treinticinco a la dirección del mismo. Su fructífera vida, deja una obra terminada, un legado a las presentes y futuras generaciones de archiveros.


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